JESUS ALFREDO CAMPOS

SITIO OFICIAL

DEL MESON LA BOLSA A LAS PIRAMIDES DE EGIPTO Y VICEVERSA

"Tú sabes hasta dónde has llegado solo si te detienes y ves de dónde has comenzado"

Floyd Patterson, Campeón Mundial de boxeo.

LOS CINCUENTA

DESCUBRIENDO LA VIDA

Circa 1953, Col Luz de San Salvador de pie, mi tía Toña, mi madre conmigo en su regazo, mis hermanas Tita y Dina.

Nací a las doce y treinta del medio día del Miércoles 24 de diciembre de 1952, en el nada atractivo mesón La Bolsa ubicado sobre la calle Gerardo Barrios en el mero centro de San Salvador. Soy el tercero de cuatro hermanos que llegamos a este mundo a través del vientre de doña Marta López, soy el primer varón, lo cual me hizo un ser muy especial ante sus ojos.

El nombre de mi papá era Jesús Campos, los dos eran oriundos de Chinameca, un pueblo de San Miguel en el oriente de El Salvador, rara coincidencia porque se conocieron en San Salvador.

Por la línea materna mis abuelos fueron: Rosa López y Jesús Guandique, por la línea paterna fueron Ester Quintanilla y Aureliano Campos. Mi abuelita llegó a trabajar de sirvientía a una de las casas de los ricos Guandique (en aquel tiempo, dueños de la hacienda cafetalera El Pacayal, de Chinameca), y, como es tradición en El Salvador, uno de los hijos de los patrones, el susodicho Jesús, la sedujo,  y de esa relación salió mi madre.

De los Guandique heredé mi ancestro holandés, lo digo sin asomo de jactancia, pero con mucho orgullo*; por el lado Campos heredé mi ancestro mulato, lo digo sin asomo de vergüenza, y también con mucho orgullo. El resto de mis hermanos son Blanca Dina, Marta Angélica, mayores que yo y José Guillermo, mi menor, los tres ellos forman parte indeleble en mi vida.

Circa 1953, Col Luz de San Salvador, mis hermanas y mi abuelita, la mesita en la que estoy sentado es la que ocupaba mi mamá para leer las cartas.

PERFIL DE MIS PADRES 

Mi madre fue una mujer de mucha determinación, no llegó más allá del cuarto grado de primaria pero ella soñaba mucho y trabajaba para hacer realidad sus sueños, el principal fue el de educar a sus hijos. A pesar de haber tenido un trabajo muchísimo más que humilde, leía la baraja española,  pudo arreglárselas para educarnos. En mí ella plantó la idea de ser un día abogado y se le concedió.

Otro rasgo especial de mi mamá, era  que siempre le gustó lo exquisito y refinado.

Mi papá fue muchísimo más conservador y conformista con lo que le daba la realidad, también tuvo trabajos humildes, cuando se conoció con mi mamá era sereno en San Salvador, del concesionario de carros CIDEMA, hoy  DIDEA. Por su extracción campesina no tenía más aspiraciones que vivir este día; en cuanto a sus hijos, se conformaba con que tuvieran un oficio decente, sastre o barbero, por ejemplo; no le interesaba la alta educación, otros dos hijos que tuvo con otras señoras antes de conocer a mi madre, nunca pasaron de peones. Ese lado de mi papá lo detestaba mi mamá.

En todo caso, mi papá poseía una sólida inteligencia, un innato afán de saber y una curiosidad pasiva pero acuciosa. A pesar de haber llegado a la capital de 19 años sin saber la "o" por lo redondo, de forma autodidácta aprendió a leer y a escribir, y lo hacía con una ortografía fenómena.

De esta combinación genética salí yo, tengo rasgos de ambos, por el lado materno soy soñador y  trabajo para lograr mis sueños, también me gusta lo exquisito y refinado; por mi papá soy curioso, tengo un afán insaciable por saber y  prudente hasta lindar con lo temeroso; por ambos, soy un poco inteligente.

Luego tengo lo mío para terminar el paquete: soy calculador, intuitivo, y de personalidad adictiva; soy obsesivo en mis decisiones pero trato de no molestar a nadie. Odio la tacañería, la codicia y el egoísmo, y me alejo lo más que puedo de gentes que posean esas porquerías. Trabajo para lograr lo que quiero y lo logro, como todo capricornio me encantan las alturas, cuando miro una torre o una montaña me desafían a escalarlas y las escalo, pero siempre regreso a la planicie porque yo pienso con José Ingenieros, que si me quedo en las alturas corro el riesgo de morir de soledad y de frío.

Aunque siempre fui físicamente inatractivo, de rasgos duros de prevalencia mulata (una tal Lupe en la colonia Las Colina, a principios de los 70 me definió como "feo, creído y acabado"...snif!), siempre me gustaron las mujeres bellas.

Tengo también partes débiles y muchos defectos, pero no los voy a nombrar aquí porque me acabaría el espacio cibernético si lo hiciera. 

Foto de febrero de 1957, mi papá sostiene en sus brazos a mi hermano Guillermo.  Yo a su lado no parezco que voy a llegar muy lejos, pero empiezo a ensayar la sonrisa que siempre me acompañó en la vida y que tantas cosas buenas me ha traído.

DE UN MESON A UN MESONCITO 

Del mesón donde nací, nos mudadamos a otro mucho más pequeño, estaba localizado en la colonia Luz, al oeste de la ciudad, éste era propiedad de mi tío Meme, hermano de mi madre, siempre por la línea paterna (mi abuelo de veras que era insaciable amante), aquí vivimos un par de años y cultivamos buenas amistades con vecinos solidarios, recuerdo algunos nombres: don Ramiro, la niña Noy, creo que era su esposa, tenían una tienda fuerte. 

Mis primeras memorias vienen de estos días, me pinto en un cuarto que quedaba sobre un bordo al que salíamos a jugar, desde allí teníamos una buena vista a la colonia Dina al sur y el cerro San Jacinto al Este. Dominan mis recuerdos el hecho de que les tenía fobia a los payasos que en aquellos días pasaban en procesión por el barrio quién sabe por qué.

De esta época guardo memorias de mi tío Meme y mis tías Blanca y Julia, ésta, una mujer muy bella que heredó rasgos claros de Guandique, todos ellos hijos también de mi abuelo Jesús Guandique y otra señora que se llamaba Chica. Recuerdo a mis primas Miriam ( hija de Blanca) y Gladys (hija de Julia), no sé cual fue el rumbo de todas estas personas. Aquí empecé a jugar mica, libre, arranca-cebolla, esconde-lero y pispicigaña. 

DON ALFREDO 

Crecimos en un ambiente de pobreza y felicidad, ambos en abundancia, al separarse de mi papá, mi madre conoció a don Alfredo con quien se casó en 1958, crecimos en un nucleo de siete formado por mi abuelita, mi mamá, mi padrastro y los cuatro hermanos.

Unos meses más tarde nos mudamos de nuevo unas cuadras hacia el Este, al lado de la colonia Diez de Septiembre, siempre un mesoncito solo que un poco más cómodo, le llamaban "La Flecha", por estar tan cercano a una empresa de buses de ese nombre, viviendo aquí vi por primera vez a don Alfredo.

Don Alfredo era un hombre muy bien parecido, de gran presencia y muy trabajador, quería mucho a mi mamá y nos respetaba sobremanera a los cuatro hermanos. Yo guardo gratos recuerdo de este hombre bueno, era muy protectivo, él me llevó por primera vez al estadio Flor Blanca de San Salvador, le iba al Aguila; gracias a él también desarrollamos, mi hermano Guillermo y yo, una sensibilidad social, era un gran admirador de Fidel Castro, admiración que nos transmitió de manera profunda, porque tanto Guillermo como yo admiramos y respetamos al gran líder cubano hasta este día.

Nunca fuimos al kinder, a los seis añitos me recibieron en primer grado en la Escuela Nicolás J. Bran de la colonia 3 de Mayo. Yo la verdad nunca supe por qué mi madre hizo eso, yo sospecho que lo hizo para que le hiciera clavo a Dina, mi hermana mayor, quien siendo tan bonita, atraía bichos como la miel a las moscas; lo cierto es que aquella fue una experiencia medio traumática porque no estaba ni en la edad física, ni con la capacidad emocional ni intelectual para iniciarme en el mundo de mi propia educación.

Dentro de todo hubo algo bueno: empecé a ejercitar la memoria, me aprendí un fragmento del cuento del Rey Midas que hasta este día buye en mi mente: "Midas era un reyque amaba el oro sobre todas las cosas, un día se le apareció un hada y le dijo..." Hasta hoy no sé qué le dijo el hada.

 DE UN MESONCITO A NUESTRA CASA

En un acto de bondad de la rica tía Paula, hermana de mi abuelo Jesús Guandique, éste había muerto muy joven al caerse de un caballo en su hacienda en Chinameca, aquélla le regaló cinco mil colones a mi madre “para que se comprara un terrenito y dejara de andar rodando con sus criaturas”. Dicho y hecho, mi mamá se compró un terreno en la colonia Dreyfus de San Salvador a donde, luego de haber construído una su "mediagüita" con la ayuda de mi padrastro, nos mudamos en el último trimestre de1959.

En la colonia Luz quedó un pedacito de mi infancia, en ese recodo de tiempo y espacio quedaron las primeras alegrías de mi niñez.

La relación con mi papá siempre siguió intocada, aunque separados, mi mamá nunca plantó en nosotros tendencias en su contra, al contrario, trató por todos los medios de que creciera el contacto padre-hijos. Desde 1964 que ya estábamos más crecidos, Guillermo y yo nos íbamos todos los fines de semana a pasar con mi viejo en el populoso barrio Santanita localizado a unas 20 cuadras de nuestra casa de la Dreyfus. Al salir de clases el sábado nos íbamos ansiosos de comer el delicioso almuerzo que preparaba mi tía Lupe, hermana mayor de mi papá, que cocinaba tan rico que hasta vendía comida en el vecindario. Esta situación nos dio la oportunidad de expander nuestras relaciones amistosas con gente de otro nucleo de la ciudad e intimar con otros parientes.

Mis tías Juana y Menche completaban el trío de hermanas mayores de mi papá,. Aquí teníamos contacto con nuestros primos Lito, Tono, Sonia, Patty y Luis Roberto, eran hijos de María Ester, a su vez hija de mi tía Menche; completaban el grupo de contemporáneos nuestras primas Ana y Tina, hijas de mi tía Chus, también hija de mi tía Menche, mi tía Juana nunca tuvo hijos.

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 * El origen de Guandique: viene del holandes Van Dyk. A medida que se fue desplazando por europa (los Guandique también tienen sangre irlandesa y francesa) éste se fue latinizando. Gracias a unas medidas en Centroamerica que facilitaban la entrada de europeos en la region, finalmente el Guandique entró en territorio centroamericano (es más común en El Salvador, Honduras y Nicaragua), debido a la reforma liberal y sus ideologías, claro está. A través de su historia ha cambiado de Van Dyk a Wandike y de éste a Guandique, que es su forma actual, aunque los anteriores son variantes del mismo tronco familiar. Como lo habíamos mencionado antes, el Guandique tiene raíces principalmente holandesas y por consiguiente irlandesas y francesas.

Fuente: misapellidos.com 

LOS SESENTA, PRIMER LUSTRO

Descubriendo el mundo

 La nueva década trajo muchas cosas nuevas: nueva casa y con ello una sensación de seguridad y autorrespeto que no conocíamos; nuevos vecinos, nuevas rutinas y nuevos retos para todos como familia, en mi caso comenzaría la escuela primaria con un nivel mental y emocional más acorde a mi nivel de desarrollo. 

La escuela Municipal Santiago I. Barberena queda a media cuadra de mi casa, allí trabajaba como profesora una figura muy familiar, la señorita María Luisa Campos de Amaya, vecina de mi papá en el barrio Santanita, (se decía que ellos habían tenido un amorío en sus buenos tiempos).

Mi Primera Comunión, nunca voy a olvidar esta faena casi heróica, mi abuelita y yo anduvimos por todo el mercado Central buscando esa azucena y esa candela que tengo en mi mano. El fotógrafo me sorprendió sonriéndole a mi mamá al hacer la toma.1961.

Por mi parte, estudiar en la escuela del barrio me traía un sabor agridulce ya que me hubiera gustado seguir en la escuela J. Bran por un sentido estúpido de superioridad que se sentía en la colonia al no estudiar en la escuela del barrio; sin embargo estar en la escuelita tenía la ventaja de la cercanía a casa, la llamábamos "escuelita" porque sólo servía educativamente hasta el tercer grado, pero poco tiempo después de nuestro arribo a la colonia, empezaron a construirle el resto hasta quedar una escuela primaria completa hasta sexto grado.

En febrero de 1960 comenzó mi vida de estudiante para no terminar jamás, inició también una etapa de desarrollo consciente de consolidación de aspectos de mi personalidad que me iban a acompañar toda la vida, y la fundación de amistades que influirían de forma crítica en mi formación general, en algunos casos amistades que durarían toda la vida. Intelectualmente tuve un proceso muy acelerado, aprendí a leer y a escribir en un santiamén, no fui ningún niño "prodigio" ni cosa que se parezca, pero sí fui un niño de rápido aprender. 

En esos días también desarrollé un afán por superar secretamente a los mejores compañeros dibujantes de la clase; por ejemplo mi compañero Ricardo Oswaldo Sevillano dibujaba figuras de barcos y del Llanero Solitario; entonces yo me empeñé en dibujar barcos, al Llanero Solitario y a Mikey Mouse. Mi mamá siempre se alegraba y me felicitaba por mis dibujos, mostrando un gran nivel de orgullo que yo percibía aunque ella no me lo decía. Mi talento para dibujar creció al punto que ya en quinto y sexto grados, las profesoras me mandaban a la pizarra a dibujar mapas y partes del cuerpo humano. Un día de 1965, la niña Luisa, que para entonces era la directora, entró al aula de sexto y al ver el dibujo del sentido del oído en la pizarra, se detuvo para decirle a la profesora "Qué dibujo más bonito!!!" "Sí, lo hizo Alfredo, bonito verdad?" Dirigiéndose a mí, la niña Luisa dijo: "Te felicito Alfredo, hoy le cuento a tu papá lo bonito que dibujás", por toda respuesta le di una sonrisa a la directora. 

Fui escalando los grados de primaria con relativa facilidad, solo tengo que confesar que para matemáticas siempre fui un desastre. 

MIS PRIMERAS MAESTRAS 

Nunca voy a olvidar a mis profesoras de la escuela primaria: Primer grado: María de Rivera; segundo: Paquita de Merino; tercero la niña Luisa; Cuarto, Elena de Zelaya; quinto, Victoria Coto, esta profesora era muy bonita y me hizo tener muchos pensamientos eróticos infantiles; en sexto grado tuve la suerte de tener a Ana Luz Castaneda, ella me enseñó de todito.

En 1963 conocí dos amores: la Claribel, una niña linda que llegó a vivir a nuestra casa, ya que a estas alturas ya habíamos construído suficientes cuartos hasta para alquilar, me enfatué de la Clari desde que la vi. Mi segundo amor del que me enamoré desde que lo vi por primera vez fue mi equipo Alianza F.C.,  a la Clari la olvidé cuando se fue de la casa, al Alianza lo he seguido amando más y más con el correr del tiempo.

Chivazo! Colonia Dreyfus, 1963. 

En 1965 mi hermana Tita trajo a casa una revista que hizo salir de mí el lado femenino, me enamoré de cuatro hombres con quienes inicié un amorío del que hasta este día no he salido ni quiero, dos de ellos ya se me murieron, dos siguen vivos, los cuatro son ingleses, de Liverpool, sus nombres: John, Paul, George y Ringo, conocidos universalmente como Los Beatles.

Ese mismo año me gradué de la escuela primaria, la noche de la Clausura, junto con Carlos Valle, Guillermo Rivera, Jorge Alberto Pérez y  Rigoberto Martínez, representamos el bellísimo poema El Brindis del Bohemio, del mexicano Guillermo Aguirre y Fierro, inició así el desarrollo de mis facultades histriónicas que iba a utilizar muy frecuentemente en el gran escenario del mundo representando la obra de mi vida.

 

LOS SESENTA, SEGUNDO LUSTRO

Descubriendo el Amor

EL COLEGIO DON BOSCO Y EL SALVADOREÑO ALEMAN

La colonia Dreyfus es una comunidad de clase baja, luego de sacar su sexto grado los chicos en su mayoría son puestos a  aprender un oficio pues los padres pobres  simplemente no pueden pagar una educación formal en El Salvador. De los graduados de 1965 en la escuelita, solamente cuatro continuamos nuestros estudios secundarios, dos de ellos, Luis Cartagena y Roberto Guzmán (QEPD), fueron enrolados en la Escuela Nacional de Artes Gráficas a seguir carreras cortas; los otros dos, Guillermo Rivera y yo, countinuamos la educación secundaria regular y llegamos a ser los únicos graduados universitarios de esa generación, Guillermo es un exitoso y prominente médico, yo soy abogado ejerciendo el notariado en Estados Unidos en donde también me gradué de profesor de secundaria de la Universidad Dominicana de San Rafael, California, en ambos no soy prominente, pero sí exitoso.

El caso es que de la escuelita me fui al Don Bosco, un colegio dirigido por padres salesianos diseñado para familias de clase media, el Don Bosco era algo demasiado gigantesco para las expectativas de un bicho de barrio bajo;  cuando mi mamá me anunció que me matricularía ahí no me lo podía creer. Aún tengo presente la tarde del lunes 17 de enero de 1966, que con don Alfredo y ella tomamos la ruta 8 hasta la avenida Independencia al oriente de la capital, entramos al enorme edificio y nos saludó el padre director, un español de tez blanca, bajo y rellenito, quizás a finales de sus cuarentas, de nombre Eustasio Sánchez, quien nos dio toda la información para el registro de nuevos estudiantes, y cuando mi madre le dijo que quería pagar en el acto la matrícula y primera mensualidad, de inmediato le respondió: "Como no, con mucho gusto, perfectamente..." Los siguientes días no dormiría  aunque soñaría todas las noches con el el día de febrero que abordara  el bus luciendo mi uniforme de camisa blanca y pantalón gris rumbo al mejor colegio del mundo.

Estudiar en un colegio de clase media trajo una ensalada de consecuencias que fueron muy críticas para mi crecimiento emocional,  por una parte hubo un lado negativo que momentáneamente fue hasta traumático, ya que, viniendo de un barrio pobre, me hacía sentir un tanto inferior, socialmente hablando, con mis compañeros de colegio; por lo mismo, empecé a experimentar una sensación de superioridad con la mara del barrio.

La cosa se volvió aún más complicada cuando me enrolaron en el colegio Salvadoreño Alemán en el último año de bachillerato, ya que aquí la cosa era más marcadamente de clase alta.

A la larga, esta situación me trajo una consecuencia favorable en la vida: por un lado tuve una sólida formación académica y por el otro, me dio armas para balancearme en los dos mundos, aprendí a cruzar el puente, a manejarme sin complicaciones en ambos lados del espectro social en el que me movía. Hoy día no me intimida ni estar en el depacho de ningún presidente de la República rodeado de celebridades, ni estar rodeado de léperos naipeando y contando los chistes más chabacanes con la mara del barrio, en los dos mundos me desenvuelvo de maravilla. 

LA DINORITA

Corría 1966, era la hija mayor de mis padrinos de Confirmación. Una bicha seca que vivía a media cuadra de mi casa, al lado de la escuelita, un día, antes de irme de su casa adonde solía ir a jugar con su primo Caco y su hermano Wiky, me dirigí a la Dinorita diciéndole que como yo ya me iba, que se fuera para adentro, a lo cual reaccionó con gran rabia pero luego de reñirme un rato, me empezó a ver con otros ojos.

El sábado 12 de octubre de 1968 besé por primera vez unos labios suaves, frescos e intocados, ella inauguró el amor en mi alma. La Dinorita me enviaba papelitos con Caco, su primo y mi amigo entrañable hasta este día, en los que me decía que nos viéramos "allá por el gimnasio en dos días". Palabra que no veía pasar las horas para que llegara el bendito día y hablar con ella de las más cuidadosamente seleccionadas trivialidades que en la vida existieron, de las canchas de afuera del masivo edificio, nos íbamos de la mano para el parque Cuscatlán:

-Ando ahuevado porque el cura Cabrera me sacó de clase sólo porque me estaba riendo.

-Fijate que mi papá me compró el LP de Los Supersónicos y está bien chiv.

-No'mbre, a propósito, Juan Rodolfo Suncín, el hermano del requinto de los Supersónicos, Víctor, es mi compañero en el colegio y me ha conseguido pases para irlos a ver a la Feria"...y otras cosas de importancia capital.

Me gustaba su estilo distinguido y su actitud de importancia consciente que irradiaba una arrogancia que la hacía brillar entre todas las bichas del barrio. Casi intimidaba al resto de la mara que la veía y trataba con un respeto reverencial. Todos, menos yo: yo la trataba de "vos", la veía con amor y la besuqueaba cuando nos veíamos en el parque o nos despedíamos en el bus. Días sagrados.

TRES MAESTROS

Tres profesores ejercieron gran influencia en mí en ese período: Kirio Salgado, mi profesor de Geografía en el colegio Don Bosco 1966, hoy un político mediocre. Su influencia no fue ni académica ni intelectual ni pedagógica, ni nada, me gustaba cómo se vestía, el joven estudiante de derecho solía llegar con trajes a la media y siempre combinando cuidadosamente sus colores, vestía con gran estilo. Yo no visto con gran estilo, pero no salgo ni a la esquina sin una combinación de colores para mí adecuada.

El segundo fue el Dr. Roberto Machado, mi profesor de química en el colegio Don Bosco, me encantaba su estilo  de enseñanza, primero, profundo conocedor de la materia, segundo su tratamiento duro/blandito para aplicar su método disciplinario, nos pegaba tremendas ahuevadas en clase que nos hacían reír a todos

-Doctor cuándo nos va a invitar a comer a su casa?

-Allá en la cancha hay suficiente pasto!

-Campitos, cuál es la fórmula del agua oxigenada

-H2...

-Siéntese borrico!

Me enseñó a respetar la profesión de maestro en tres años que le tuve hubo varios nuncas: nunca faltó a clases nunca llegó tarde y nunca se quitó el saco en el áula. Un hombre con una personalidad espectacular, a su muerte en 1975 no demoré en ir a pagar mis respetos a la Capilla del Seminario San José de la Montaña, y le rendí tributo asistiendo de traje completo por un mes a mis trabajo de maestro en el Liceo Alberto Masferrer de San Salvador.

Mi tercera gran influencia fue la del maestro filósofo don Alfredo Betancourt, profesor de Castellano y Literatura y Filosofía y Lógica en el Colegio Salvadoreño Alemán. Este hombre me enseño a amar mi idioma español y a encontrar en la lectura la mayor fuente de conocimiento, me definió mi pasión por enseñar y hacer de este don un medio para vivir.

A todos mis profesores les debo mucho, a éstos les debo más.

BOY SCOUT 

En 1967 me metí a Boy Scout, esa era una de las grandes virtudes de mi madre, siempre me apoyó en cada locura que se me ocurría.

Mi mejor compañero de áula por esos días, Jorge Funes, me llegaba contanto lo mucho que se divertían en las reuniones de su grupo Quinto El Cid Campeador de la Catedral Metropolitana, y me invitó a participar en el semi militar entretenimiento de Boy Scout.

Fue una magnífica experiencia, lo que mejor gané de esos días fue el ejemplo del jefe de tropa, Toño Huezo, modelo de disciplina, orden, inteligencia y resistencia física, aunque de apariencia fina. El mejor recuerdo fue un aporte que le di a mi Patrulla "Escorpiones" cuando los jefes decidieron que compusieramos una canción a la patrulla con la música de "Ay Jalisco no te Rajes", para mí cayó al pelo ya que el grito de batalla de la Patrulla era: "Escorpiones siempre: Luchando con Honor!

En el Grupo Quinto hay una patrulla

que lleva por nombre Patrulla Escorpiones.

Que nunca se raja ante ninguna otra

por algo les temen a los Escorpiones

Escorpiones no se rajen

su lema en el Grupo es "Luchar con Honor"

Abris todo el pecho y echar este grito:

"Escorpiones siempre, luchando con honor!"

Una experiencia traumática fue que un domingo por la mañana que nos estábamos reuniendo en la azotea de la Catedral, a mí se me ocurrió subirme a una de las dos torres la cual tenía incrustadas una serie de escalas metálicas. Nadie vio que me subí, y cuando estaba en la mera cima de la torre, a rastra me asomé a ver hacia abajo, tuve un mareo  que  si no hubiera estado boca abajo, estas líneas nunca se hubieran escrito. De pronto oí a los compañeros:

-Y dónde esta Campos, vos? Se habrá caído ese hijueputa?

-Aquí estoy majes y no me puedo bajar!

Tuvieron que hacer una astucia para que me tirara y cayera en una manta improvisada para la ocasión mientras todos la sostenían de las orillas.

No necesito decir que Toño me castigó con un chicharrón que de acordarme me duele todo el cuerpo.

1969

Este año marca un hito en, hasta ese momento, corta vida. Si comparamos la vida con un libro, se puede decir que 1969 es un divisor. En este período ocurren cambios en mi historia personal, familiar e incluso nacional y mundial, que van a dejar una huella profunda en mi desarrollo individual.

En lo personal: inicio el año con otro proyecto, uno en el que me iban a compañar mis buenos amigos y vecinos Ricardo Franco, Mundo Laínez, Meme Gómez, y mi primo Lito Ayala, formamos un conjunto, dimos en llamarle The Dreamers. Dada la naturaleza económica del proyecto y nuestra falta de recursos, la cosa quedó en eso, en un sueño, algo bueno dejó para mí este rollo: aprendía tocar guitarra.

En segundo lugar, decido incorporarme a los entrenos de basquetbol del colegio y califico en la Segunda Categoría. La idea del entrenador don Elías Aguilar, era prepararme para la primera categoría el siguiente año. Nos eliminaron en las primeras de cambio, pero yo quedé con mi autoestima elevada a la millonésima potencia con la atención que recibí en el colegio, en mi colonia y con mi familia, además con la Dinorita, que no se perdió ni un juego de su novio en el gimnasio nacional.

Luego me convencieron para jugar de portero en el equipo de la colonia y suficiente con decir que fui el primer portero que jugó con guantes en las canchas inferiores de El Salvador. Los guantes me los prestaba mi amigo y vecino Julio Monge a quien se los había "regalado" el gran portero guatemalteco "Nixon" García una vez que fue a juagar a El Salvador y tuvo la triste idea de dejar los guantes en la portería en el descanso...

También este año tuve contacto con la mota y el guaro, desde el año previo había empezado a fumar cigarros regulares, pero un compañero del colegio Don Bosco, Serafín Godofredo A.P., hoy un prominente pediatra, me develó la duda de qué se sentía estar en onda. No me metí mucho en el mundo de la mota, la corté en su fase de experimentación, a los dieciocho años la dejé para no volver jamás.

Las primeras cervezas me las eché con Ricardo Franco en el extinto Salón Azul de la Cucumacayán, esto sí me gustó mucho más, pero también lo dejé en sus etapas de inicio, de veintión años, en junio de 1974, me tomé la última fría en casa de mis amigos Foncho y Hugo en la colonia Las Colinas. El cigarro sí me costó dejarlo, fue hasta enero de 1983 que lo dejé, yo tenía 30 años. Desde que les dije adiós a esos elementos, jamás volví la mirada atrás, preferí la carrera de abogado sobre las carreras de drogo o bolo.

En la familia ocurrió un hecho lamentable, triste y olvidable que nos traumó a todos y que no voy a escribir aquí por no tener que ver con mi vida personal. También la separación de mi hermana mayor de su primer esposo que la dejó cuando estaba encinta también fue un hecho traumático para la familia.

En lo que respecta a la nación, se dio la famosa "Guerra del Fútbol", una burda patraña que los gobiernos fasistas de El Salvador y Honduras fraguaron  para desviar la atención a verdaderos problemas de nación que se cernían en ambos países y que dejó como amargo resultado una animosidad en los pueblos.

La Selección de El Salvador clasificó por primera vez a un Mundial de Fútbol, derrotando a Haití en un inolvidable juego en Kingston, Jamaica, momento histórico de los que te hacen recordar dónde estabas cuando ocurren.

Mundialmente: Neil Armstrong pone en nombre de la humanidad, sus pies sobre la luna por primera vez, y en la tierra, ante el asombro del mundo entero, después de una serie de problemas irresolvibles, Los Beatles se separan como grupo, iniciando sus carreras como solistas John, Paul, George y Ringo.

Innecesario decir que mi rendimiento académico fue el más espantoso de mi vida.

Enmedio de esta turbulencia, estudiar era lo que menos llamó la atención este año, pero, como la flor de loto que renace del fango, el resultado de todo esto fue favorable en el último análisis.

LOS SETENTA, PRIMER LUSTRO

Si el año 69 había sido un divisor en mi vida, el 70 fue un multiplicador. Acabo de cumplir 17 años, este es un año clave en el edificio de mi vida, de entrada llega un cambio de colegio, el cuarto curso había dejado un mal sabor de boca académicamente hablando, necesitaba cambiar de ambiente y botar mucha de la caraga que arrastré el año previo para demostrarme a mímismo que era muy capaz, y lo logré.

Mi envolvimiento académico con el Colegio Salvadoreño Alemán trajo solo ganancia a mi vida. En primer lugar me gané el respeto tanto de compañeros como de profesores, dados los grados académicos que empecé a obtener. Socialmente fue un plus, ya que el Don Bosco era un colegio solo para varones y el Alemán me dio la oprtunidad de interactuar con chicas y a quitarles el miedo que cuatro años en el Don Bosco habían forjado. En vez de viajar al oriente de la capital, empecé a viajar al occidente ya que el colegio quedaba en la Alameda Roosevelt en el edificio que hoy ocupa la Universidad Francisco Gavidia. Mi hermano Guillermo también fue matriculado en el colegio y viajábamos a pie, lo cual nos mantenía físicamente en muy buena forma. Todo fue diferente.

Quién sabe por qué mi relación con Dinorita se puso fría al principio del 70, The Dreamers habían quedado atrás, no jugué BKB con el Alemán porque lo habían castigado a un año de suspensión por un relajo que había provocado el año previo y, gracias a Dios, por ese castigo pude concentrar mis esfuerzos casi exclusivamente a mi estudio.

En marzo amarré con Teresita, una morenita espectacular que vivía en la colonia Málaga y trabajaba en una fábrica de bordados que quedaba en mi barrio. Puse mi atención sentimental en ella y aunque al principio no me tomó en serio, mi acercamiento fue tan fuerte que dejó a su novio de varios meses por aceptarme a mí en su vida. Todo iba bien en este departamento hasta que... 

MI "PRIMA COSA BELLA"

Una tarde de mediados de mayo, regresando del colegio entré a casa y en el umbral de la puerta principal estaba una preciosidad con la que tuvimos contacto visual e intercambiamos sonrisas y nada más. Como a mi mamá la visitaban muchas clientas bonitas, yo pensé que era una de ellas, pero no, era la hija de un tío-abuelo mío, a quien yo no conocía porque en su tierna infancia la habían llevado a vivir a San Pedro Sula, Honduras y quien iba a estar en nuestra casa por un corto tiempo mientras sus padres se instalaban en San Salvador, a donde se habían mudado por causas de la pantomima de guerra entre los dos países. Cuando me contaron todo el rollo di gracias a mi santo Dios por la guerra.

Por esos días bendijo al mundo la canción de Nicola di Bari LA PRIMERA COSA BELLA, que había quedado en un injusto y controversial segundo lugar en el Festival de San Remo en Italia en ese año, y a mí me quedó perfecta la canción que en italiano llevaba el título de La Prima Cosa Bella. Cada letra de esa canción ,cada nota de su música, cada tesitura de la voz de Nicola Di Bari, había sido cuidadosamente diseñada para mi Prima Cosa Bella...

De pronto yo ya no tuve razones para ir a esquinear con la mara, comencé a perder interés en Teresita (a quien todavía le debo las disculpas), pero en mi casa había un imán que me atraía con la fuerza de un sol y personificaba para mí la felicidad pura. El sábado 6 de junio de 1970, cerca de los lavaderos de mi casa besé los labios de mi "Prima Cosa Bella", en ese instante el tiempo se detuvo para ser marcado con los latidos de mi corazón...Era de noche, yo venía de ver a Teresita, ya no la volví a ver jamás...

En el colegio las cosas no podían ir mejor, mis relaciones con los profesores eran un poco arriba de lo normal dada mi dedicación a los estudios; mi retardo en matemáticas lo manejé con diplomacia con el sabio profesor don Santiago Echegoyén, un hombre al que si lo veías bien le notabas la aureola de santo. El maestro filósofo don Alfredo Betancourt me daba un tratamiento especial a grado que me eligió como encargado de llevar las notas. Hoy sé que esa era una forma de botar carga para él, pero el efecto en mi autoestima y el  respeto que conseguí fue más allá de mis expectativas, aunque debo admitir que a un sector del curso les caía mal y me veían como un enrollón, lo cual me tenía sin cuidado pues pesaba más mi seguridad académica que la crítica malsana que, al fin y al cabo, iba a estar allí toda la vida porque siempre habrá un sapo que quiera aplastar una luciérnaga.

Mi mundo se expandió, el Salvadoreño Alemán era radicalmente diferente al Don Bosco, en primer lugar lo pequeño del edificio creaba un ambiente de comunidad con mucho más calor que el Don Bosco, luego el hecho que era un colegio laico hacía desaparecer el ingrediente de hipocresía y doble estandar creado por una educación religiosa. Eso no significa que no haya tenido magníficos compañeros en el Don Bosco, solo que la filosofía de la amistad era diferente. Por ejemplo en el Don Bosco si un compañero cometía un desaguisado y amenazaban con dejar a todo el mundo de plantón después de clase, se levantaba el responsable y sólo él pagaba la falta, había un sentimiento de sacrificio personal. En el Alemán, con esa mentalidad,  la vez que me hice cargo de una falta, por poco me matan los compañeros pues allí el pago era colectivo y nadie reclamaba por pagar lo de otro porque después nadie sabía cuándo le iba a tocar su turno. 

Mi acercamiento con las hembras también cambió, ya no sentí el grado de intimidación que había experimentado con las niñas por la falta de contacto con ellas, cultivé relaciones de compañerismo con ellas y jamás voy a olvidar los nombres Viky Domínguez, Nuria Pleytez, Roxana Gómez, Silvia Aguirre y Consuelo Gil, con la última somos amigos hasta este día, pues continuamos en la Universidad la carrera de Derecho, y hasta nos licenciamos la misma fecha. Tampoco voy a olvidar nombres de compañeros como Reynaldo Ulises Gutiérrez, quien llegó a ser un excelente sicólogo, Eduardo Navarro, Lico Trujillo, Guillermo Padilla, Eduardo Blanco, Miguel Angel Villalta, Rafael Leret, Rolando Chacón con quien habíamos sido compañeros en el Don Bosco, Francisco Medina, Tonio Castro y Jorge Figeac con quien también nos vimos en la Facultad de Derecho solidificando una amistad que duraría toda la vida. 

A mediados del 70 inició un proceso emocionalmente difícil, mi atención se centró casi por completo en mi Primera Cosa Bella y aunque en el colegio las cosas iban bien, mi vida se volvió miserable cuando ell se mudó para otra parte de la ciudad, sentí que había perdido todo control sobre nuestra relación pues el contacto físico disminuyó en un excesivo porcentaje, vivía lejísimos y para visitarla tenía que viajar en dos buses, el consumo de tiempo y mi "acabadencia" hacían aún más complicadas nuestros encuentros. En estos días fue crucial la ayuda de Paco Sosa "Muñón", un vecino del barrio mucho mayor que yo que poseía un sentido del humor agudísimo y tenía una motocicleta. Lindamente me llevaba en su moto tres veces por semana a que viera a la razón de mi vida en esos días, nunca terminaré de agaradecerle a Paco ese gesto de solidaridad. 

Pero todo estaba llamado a cambiar sustancialmente, latención de mi Prima Cosa Bella ya iba en otras direciones. Para hacer las cosas peor, consiguió un empleo que amplió su mundo y le dio más contactos personales, en septiembre las cosas empezaron a deteriorarse. 

NADITA DE NADA

A fines de agosto se nos ocurrió una idea de familia que yo recuerdo con sabor agridulce: cambiar de ambiente. Después de once años viviendo en la Dreyfus, decidimos mudarnos a Las Colinas, al oeste de la ciudad de Mejicanos en el norte de la capital. Este movimiento probó ser casi fatal pero cada uno de nosotros tenía una razón secreta por la que quería este movimiento, no me voy a meter en las de mis familiares pues estoy hablando de mí en esta historia. Mi razón por la que apoyé la mudanza fue porque en el nuevo barrio iba a estar más cerca de mi Prima Cosa Bella.

La distancia de la nueva casa al Salvadoreño Alemán aumento sobremanera, pero el problema lo resolvios viajando con César Bendek, un compañero de curso que vivía en colonia Yanira, casi enfrente de Las Colinas. Con Béndek también compartrimos los toques de mota, era tan cabrón que ponía en onda a su chuchito, hace poco me contaron que lo encontraron muerto cerca de su casa, ojalá que no sea verdad, si lo es, estoy seguro que está poniendo en onda al diablo.

El ambiente aquí era cualitativamente diferente al de la Dreyfus, tuvimos la buena suerte de llegar en período de mucha gnte contemporánea con la que entablamos amistades que en algunos casos se volvió sólida y consistente como la que se dio con Tino y Moris Menjivar, el artista Toño Mejía, mayor que nosotros con alma de niño y una inteligencia aguda, y los hermanos García: Hugo, Foncho y su hermana Florcita, una preciosidad que, en mi opinión, era una de las adolescentes más lindas en diez kilómetros a la redonda. Debo decir que también hubo una retahila de hipócritas de olvidable nombre que hasta este día viven en el basurero de mi memoria. Al pasar de seis meses ya nos habíamos ajustado a la cultura del nuevo barrio.

Para octubre mi relación romántica con mi Primera Cosa Bella ya había expirado, pero yo me había quedado más prendado que un tatuaje. Un día de noviembre yo esperaba el bus cerca del Parque Infantil, donde había un recodo donde nos dábamos cita, solo para verla del brazo de otro. La canción Nadita de Nada me recuerda siempre aquel momento apocalíptico en mi vida, por los versos:

Cuando a los lugares que fuiste conmigo

vuelves de otra mano y yo soy olvido ,

Simplemente pienso que de aquel amor bonito

no me queda nada, nadita de nada 

Fue una estocada al mero centro del corazón diecisieteañero que como no me mató, me ayudó a crecer.  Pensándolo bien no le debo las disculpas a Teresita, aquí pagué con elcien por ciento de interés, lo que le debía a ella.

En noviembre también me sometí al examen privado de bachillerato, a los estudiantes del Alemán nos tocó presentarlo en la Escuela República de Brasil en el barrio Modelo de San Salvador, fue una experiencia buenísima aunque el instructor me quitó el examen antes de terminarlo porque estuve dando copia a mis compañeros de manera consistente y sin ambajes. A pesar de no haberlo terminado pasé el examen con un promedio de 7.5.

Del colegio Salvadoreño Alemán me gradué con honores, el mayor fue haber dirigido las palabras de despedia de promoción a nombre de doscientos cincuenta graduados. Estar sentado a la mesa de honor con don Alfredo Betancourt, don Santiago Echegoyén, don Juan López Bonilla y doña Hortencia Valle de López fue un honor que apenas lo podía manejar en el escenario del cine Darío abarrotado de familias, amigos y estudiantes.

El distinguido estudiante del colegio Salvadoreño Alemán en 1970, el nuevo bachiller Jesús Alfredo Campos, dirige las palabras de despedida de promoción en el cine Darío de San Salvador. En la Mesa de Honor, de izquierda a derecha los eminentes maestros: don Alfredo Betancourt, don Juan López Bonilla, don Santiago Echegoyén y doña Hortensia Valle de López. Tuve el honor de que don Alfredo me autografiara la foto.

LA UNIVERSIDAD

Ingresé a la Universidad de El Salvador en junio de 1971, fue un paso casi natural dada mi determinación de ser abogado un día. En la Facultad de Derecho me encontré con Jorge Figeac y Consuelito Gil quienes habían sido mis compañeros el año previo en el colegio, con Figeac nos caíamos remal, pero tanto él como yo, nos alegramos cuando nos vimos en el ambiente universitario, con él y otro compañero, Daniel Serrano, conocido en la U con el sugestivo apodo de "El Bélico", iniciamos y solidificamos una poderosa relación amistosa que duró toda la carrera. Cuando nos juntábamos los tres era como que entrábamos en una burbuja a la que no penetraba nadie más, pobre de aquel se ponía enfrente de nosostros, le poníamos apodos, lo satirizábamos, nos reíamos de él, en una palabra, lo hacíamos mierda,mitábamos profesores, los dibujábamos y jodíamos a rabiar.

De los apodos más geniales que pusimos están: Por los colores de ropa que usaba un compañero, a veces llegaba con pantalón café y camisa celeste, le decíamos "Caja Fuerte", por las trozos de combinaciones. A otro compañero que tenía la boca medio torcida le decíamos "Peón de Ajedrez" porque camina para adelante y come de lado. A un profesor de derecho Civil a quien le encantaba el tema de la Muerte por Presunción, le clavamos "Muerte Presunta", ese apodo llegó a ser icónico y todavía se le identifica con él a quien hoy es un Magistrado de Cámara en El Salvador.

Eramos crueles, pero ¿Quién espera sensatez de universitarios de veintidós años?

Cada uno tenía su cualidad que aportaba para hacer fuerte el grupo, el Bélico era el más académico, tenía una personalidad de provinciano, era de Guadalupe, San Vicente, y se mostraba de esas gentes que se conocen en El Salvador como "viruzcas", a él le pasaban las cosas más increíbles y chistosas.

Figeac era inteligente y tenía habilidades histriónicas que nos mataba de la risa cuando las mostraba imitando a profesores. Era fácil adivinar cuando algo le preocupaba porque se comía las uñas.

Llevábamos las mismas materias, en el mismo horario, íbamos juntos a la biblioteca, a la cafetería, al auditorium, a todas partes. Estudiábamos juntos, nos echábamos los tragos  juntos y juntos empezamos a trabajar como profesores en los mismos colegios; luego los tres conseguimos trabajo en los Tribunales de Hacienda en San Salvador y también ingresamos a la Fiscalía juntos en 1978; casualmente también nos mandaron para ciudades de oriente como Fiscales de Planta. 

Cuando conseguíamos novia nos las arreglábamos para compartir tiempo con ellas, sin interferir las las rutinas preestablecidas en nuestro círculo. ¡Puta, éramos tan crueles poniéndoles apodos a nuestras novias!: por ejemplo yo tuve una con unas libritas extra y los muy ingratos me le decían "La Cavernaria"; Figeac tuvo una cuya familia era propietaria de una famosa funeraria en San Miguel, y el Bélico y yo le apodábamos "La Enterradora"; y cuando el Bélico se enamoró locamente de otra, con muchos desafíos estéticos,  Figeac y yo le clavamos "La Cara de Cuentos de Brujas", cuando le  adquirimos cariño porque hasta se casó con ella, con respeto le bajamos los grados al apodo y le decíamos la "Cuentinha" o "Brujilda". Eso sí, teníamos el cuidado de que no se encontraran en los alrededores cuando hablábamos de ellas.

Un sector de la Facultad nos apodaba los Tres Chiflados,egresamos juntos de la Carrera en 1979, desafortunadamente, por razones totalmente fuera de nuestro control no nos graduamos en las mismas fechas, yo me rcibí en 1983, Jorge en los noventas y Daniel desistió de la profesión.

Flanqueado por Jorge Figeac y Daniel Serrano el día de nuestra celebración

de Egresados en la Sociedad de Abogados de El Salvador, Oct, 1979.

MAS DE LA U

Académicamente no me fue mal en la Universidad, como estudiante, debo confesarlo, nunca fui brillante, estudiaba lo necesario para pasar las materias, aún así lograba notas arriba del mínimo; cuando me lo proponía llegaba a las codiciadas notas de 9 y 10. Yo nací con un cerebro suficientemente amueblado como para brillar, pero la combinación de actividad familiar,  diversión, estudios, amoríos, vagancia con amigos, práctica de deportes, y la temprana fundación de mi propia familia, no daban lugar a ser un estudiante brillante, esto implicaba dedicar tiempo completo al estudio, lo cual nunca fue atractivo para mí.

Yo siempre pensé, y pienso, que el enfocarse en una sola actividad trae rutina, la rutina lleva al aburrimiento y el aburrimiento al estancamiento. Siempre me ha gustado tener las manos metidas en varias cosas que valgan la pena. De manera que llevé mis estudios universitarios con éxito pero sin ahogos, aunque de vez en cuando me saqué una mala nota. Era horrible llegar a las vitrinas de la Facultad de Derecho y ver un ponche en alguna materia; la cosa se volvía tormentosamente embarazosa pues en aquellos días hacían públicas la notas en la Facultad, es decir, el mundo entero se daba cuenta de lo que sacabas. La confidencialidad era un fenómeno totalmente desconocido, ojalá que ya haya terminado esa práctica. Al egresar tuve 7.75 en mi promedio global.

LA LUPITA

A fines de 1971, el Bélico nos presentó a un grupo de sus amigas que él había conocido en la Universidad el año previo, entre ellas estaba una  morena de suave voz gran inteligencia y cuerpo muy proporcionado, que mostró desde el principio un interés en estrachar su relación conmigo. Las cosas se facilitaron al advertir que ambos esperaríamos la misma ruta de buses, la 33, que corría hacia el norte de la Universidad.

Se llamaba Guadalupe, ella estudiaba licenciatura en Filosofía, pero pronto comenzó a hacer gestiones para cambiarse a Derecho.

El impacto en mí no fue, dijéramos,  letal, sin embargo admito que disfrutaba mucho su presencia. Después de un tiempo me di cuenta que casi éramos vecinos, vivía a unos diez minutos a pie, de mi casa. Un día la Lupita me invitó a su casa, una pequeña quinta en calle a San Ramón, justo en la esquina de la calle a San Ramón y la calle principal que de la Zacamil lleva a Tushte. Estaba claro que su posición económica estaba muy arriba de la mía, sin embargo ella no era ostentosa.

Cuando la visité por vez primera me presentó con su mamá, ésta no dio muestras de mucho entusiasmo por el tipo tímido, carente de todo atractivo físico y, encima, acabado, por el que la hija había empezado a mostrar un interés inusual. Por cierto, cuando oigo la canción Con una Pinta Así de Julio Iglesias, vienen a mi mente imágenes de aquella señora que, aunque nunca se mostró grosera, siempre me envió, con su actitud, un mensaje de Ud sobra en esta casa jovencito. Más tarde demostró con creces su aversión hacia mi persona cuando tomó una decisión cuyo precio más alto lo iba a pagar la misma Lupita.

Un día le conté que iba a ir al estadio a ver a mi equipo Alianza contra la Universidad, de pronto la Lupita descubrió que le gustaba el fútbol y me pidió que la llevara. La llevé, nos quedamos  en la parte más decente de las distinguidos estrados de sol del estadio Flor Blanca: atrás de la portería sur. A estas alturas ya era inevitable el romance y cada vez que había una jugada emocionante nos abrazábamos. Al salir del estadio caminamos por la Sexta Décima (sólo en El Salvador puede haber una calle que se llame ridículamente Sexta Décima), unas cuadras hacia el Este se localiza el parque Cuscatlán, refugio de rigor para novios en San Salvador, por donde teníamos que pasar para tomar el bus de la ruta 33.

Lupita estuvo de acuerdo conmigo en entrar al parque para "descansar" un ratito, y allí en una de sus bancas, sin  hacer preguntas de algo que era obvio y necesario, le estampé un beso en los labios que ella correspondió con ternura.  Aquel beso tatuó en su corazon el nombre del hombre que ella iba a amar con toda su alma por el resto de su vida, pero el destino nos tenía marcadas distintas rutas.

El lunes siguiente comenzamos una rutina bien bonita, yo la pasaba recogiendo por su casa y nos íbamos a pie para la Universidad. Cómo disfrutábamos esa pequeña caminata, como entrábamos por el extremo norte a la Casa de Estudios, a veces nos quedábamos sentados un rato en las gradas cercanas a los edificios que en esos días lamábamos "Dormitorios de los becados" y que hoy ocupan aulas y oficinas de la Facultad de Humanidades. El amor de Lupita crecía galopante, el mío apenas caminaba, yo la verdad sentía sentimientos encontrados por Lupita, pero puedo decir que nunca llegué a enamorarme de ella. Primero porque nunca salía de mi mente mi "primera cosa bella", segundo porque yo siempre fui selectivo en lo que a físico respectan y aunque Lupita era muy bonita, le faltaba algunos grados para llenar por completo mis exigencias; sin embargo ella llenaba un vacío en mi espíritu que me hacía sentir muy bien. Hay una canción, "Guitarra Suena Más Bajo", de Nicola di Bari (de quién más...?!) que siempree me recuerda las caminatas a la Universidad en esos días. 

En la Facultad de Derecho, como ya he dicho, yo distribuía mi tiempo entre las clases, la jodarria con mis aleros el Bélico y Figeac, y la Lupita. Llegó un momento en que hicimos un frente común que se enriqueció al unirse al grupo el Chino Luis Carrillo Henríquez (QEPD) y la Normita Rodríguez Mattheu, una belleza de la que el Bélico se enamoró a golpe de vista pero para quien la Normita era demasiado y nunca se lo dijo. Salíamos toda la chusma a todas partes, desde idas al cine hasta excursiones a Los Chorros, unos 20 minutos al oeste de San Salvador o viajes académicos a ver jurados a Gotera o Ahuachapán.

DON ALCOHOL 

En casa las cosas no eran las mejores, la salud de mi abuelita comenzó a deteriorar, la situación financiera no era muy buena con pocas clientas visitando a mi mamá pues el traslado a Mejicanos las había desorientado y solo mi hermana Tita con un trabajo estable com o secretaria  de la Facultad de Derecho en la Universidad; yo ni pensaba en trabajar, era estudiante a tiempo completo y mis padres absorvían los gastos mínimosa de subsistencia, por eso andaba siempre más acabado que un BMW.

Mis francachelas con el Bélico y Figeac, mis constantes contactos con mis amigo desde la infancia Luis Alvarado, Mundo Laínez, Chevo Urías, el Chivo Mario (QEPD), Chalo Quintanilla, entre otros; mis salidas con el Dr. Carlos Ferrufino y el Dr. Mauro Bernal Silva, tenían algo en común: el guaro. Cada vez que nos juntábamos el fin de semana en cualquiera de esos ambientes, era de irnos a parrandear y la cosa se iba poniendo seria en mi caso porque, como ya he dicho, soy un maníaco obsesivo de siete suelas, de manera que el alcolismo en mí era como el amor de Lupita: galopante

El primero de julio de 1972 ocupupó la silla presidencial un tiranuelo llamado Armando Molina, su primera decisión de estado fue la toma de la Universidad por la vía violenta y su consecuente militarización, fue el 19 de ese mes que el gorila realizó ese acto de matonería irracional desde todo punto ya que la toma de la Alta Casa de Estudio le valió la condena nacional e internacional y no detuvo ni un minuto la naciente organización popular que se aprestaba para escribir la historia con las armas en la mano.

En mi vida personal ese acto bochornoso tuvo un impacto. El tener días enteros sin hacer nada me enfrentaba a mis propios demonios emocionales propios de los cambios de la edad, me hacía sentir más en carne viva mis realidades, me daba más tiempo para entrarles a las cervezas, socializar con mayor frecuencia con la mara de Las Colinas, vivir más de cerca los últimos días de mi abuelita y angustiarme más por cada cosa que me rodeaba. Para más joder en estos días terminaba de leer Los Miserables, el célebre libro de Victor Hugo que me destrozaba el alma con la agonía de Jean Valjean.

MORENITA MIA 

Dentro de todo había un lado muy bonito, las tardes las ocupaba por lo general para ir a visitar a la Lupita, con ello crecía nuestra relación y yo tenía un escape de mi entorno familiar que no era el más agradable. De estos días me recuerda la canción MORENITA MIA, versión de Marco Antonio Muñiz y la Rondalla Tapatía, especialmente en los versos que van:

Conocí a una linda morenita y la quise mucho

por las tardes iba enamorado y cariñoso a verla....

Una tarde típica con Lupita era llegar a su Quinta, hacer sonar el timbre, salir a abrir, caminar a veces a su casa en el casco de la Quinta, otras veces nos quedábamos en una especie de parquecito donde platicábamos y nos disfrutábamos con nuestra presencia frente al otro. No teníamos una relación muy física, reíamos, hablábamos de los compañeros, íbamos al centro a hacer mandados y entre conversación, chistes y chismes, uno que otro besito dulce, romántico pero sin pasión.

Lupita tenía sus hermanos, Rolando y la Lolita, con quienes a veces yo tenía conversaciones de cocktel, nada profundo, todo superficial, ellos siempre fueron muy finos en su trato a mi persona, una tercera hermana, la mayor vivía en Montreal, Canadá, a ella nunca la conocí.

La madre de Lupita nunca estaba en casa cuando yo llegaba, siemprese mantenía trabajando y regresaba bien entrada la tarde, en ocasiones ella entraba cuando yo me estaba despidiendo de Lupita y me saludaba con una sonrisa un poco forzada pero nunca dejó de mostrarme amabilidad.

Una tarde, cuando llegué de visita, Lupita estaba muy bien vestida, se preparaba para salir y me estaba esperando para que la acompañara al centro, se iba a tomar unas fotos para sacar su pasaporte....

 CONTINUARA...

MI GENTE


Mi bella esposa Amalia a sus tiernos 21 añitos y con mi Lalita en su pancita☺. La Libertad, El Salvador, 1974.



   Mi sagrada familia, San Rafael, California

  Mi mamita linda, San Salvador, 1996.

Mi amadísimo viejo, San Salvador, 1990.

Mis hermanos Dina y Guillermo y mis sobrinas
Rosita y Miriam, con el temible mastín Groopie
en sus brazos, San Salvador, 2004.

Mi hermana Tita, San Salvador, 2008

GALERIA FOTOGRAFICA

 

VIDEOS

MIS CUATRO PASIONES

Las pirámides de Egipto en el mundo, Los Beatles en mi corazón, el Alianza en mi mente y mi mujer en el came(yo). El Cairo, 2008.


DE VIAJE


ENERO: Nueva York, República Dominicana


FEBRERO: a. Los Angeles y Lancaster, California


MARZO


ABRIL: El Salvador


MAYO


JUNIO: Reno, Nevada


JULIO: Reno, Nevada


AGOSTO: Alemania, Suiza, Leichtenstein y Austria


SEPTIEMBRE: a. Calistoga, California, b.Sandy, Utah


OCTUBRE


NOVIEMBRE: El Salvador


DICIEMBRE: Reno, Nevada

BLOG DEL SITIO

EL FORO

POEMA DE AMOR


Roque Dalton
San Salvador (1935-1975)

Los que ampliaron el Canal de Panamá
y fueron clasificados como "silver roll" y no como "gold roll"
los que repararon la Flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en las cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos...
Los siempre sospechosos de todo.
("me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño"),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
("La Gruta Azul", "El Calzoncito", "Happyland"),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los comelotodo, los vendelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.

HEROES DE MI INFANCIA

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Santo el Enmascarado de Plata

Red Ryder y Castorcito


HEROES DE MI ADOLESCENCIA
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Gustavo Adolfo Becquer
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